Y allí me quedo, hablando sola, creando un monólogo más para agregar a la lista de veces que me has dejado gritando verdades que un día debiste escuchar. Te he dado mil y un oportunidades para reivindicarte, para abrazarme y ayudarme a dejarlo todo atrás. Para no tener que recordar que cuando llega la hora, siempre hay algo más importante que vale más que lo que sea que tengo para decirte, que vale más que todo mi ser. Para no entender por qué me buscas y me dejas pagando las cuentas de este amor que ya no tiene vuelta atrás. Escondo el dolor porque no se como explicarte que las heridas han cerrado pero las cicatrices me recuerdan que ciertas cosas han pasado, que esas situaciones me han cambiado y han hecho de mi la que hoy en día soy. Al menos dime, deja en claro, dime si quieres que me quede o me vaya porque no puedo seguir haciendo caso omiso cuando veo cómo te revuelcas en brazos de otras, entre copas, cubriendo todo el dolor que llevas contigo donde quiera que te hayes mientras me dejas apostando que en sus ojos, vez los míos, que me recuerdas en la cara de cada mujer que besas. Amor, un día espero que te des cuenta del error que has cometido, de lo que me has lastimado dejandome caer cuando más te necesitaba.

miércoles, 9 de mayo de 2012

y con este me despido por hoy...

Recuérdame, un día cualquiera, cuando tengas cuarenta años, mujer, dos hijos y una hipoteca. Sólo piensa en mí. Quizás un día pongan aquella película en la televisión, la que yo no paré de recomendarte hasta que la viste, y no puedas evitarlo. O comience a sonar esa canción de Pulp en la radio mientras llevas a tu hijo a su entrenamiento de fútbol. Puede que pienses en aquella actriz y sonrías en mitad de la calle recordando que tú te la pediste primero. O tal vez tu hija te pregunte que hacías cuando eras joven y sin que puedas hacer nada aparezca mi imagen en tu cabeza. Simplemente eso, acuérdate de esta ilusa con la que compartiste un par de días de cama y cuatro besos tontos.

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